21 años del 11S en las televisiones: las mismas imágenes una y otra vez

 

 AFP


Veintiún años después María recuerda perfectamente la posición en la que se encontraba. Tumbada sobre el sofá marrón, con su cabeza apoyada sobre las piernas de Juan, se pasaban un rato de la tarde así, viendo el telediario. El desastre del 11 S les pilló haciendo zapping, de nada servía pasar por diferentes canales, enseguida se dieron cuenta de que todos retransmitían la misma noticia, las mismas imágenes: un avión se dirigía hacia una de las torres del World Trade Center, enseguida los gritos de la gente, las luces de las sirenas, el humo, la desesperación… les pareció ensordecedor. 

No estaban allí, pero María entendía lo que pasaba, aunque tampoco del todo. Había visto el atentado en directo, una y otra vez, a través del pequeño aparato del salón, las imágenes en crudo. Nadie explicaba qué sucedía, ni el por qué y ella necesitaba saberlo. Sintió tanto pánico que le fue imposible no llorar, a pesar de no saber exactamente qué es lo que sucedía. El choque, la explosión… se repetían continuamente en la pantalla.

El no entenderlo no fue solo algo de María, sino también de Juan y de Andrés, el vecino, y de Carmen, su mujer. El pequeño aparato que había en algunas casas de la ciudad mostró las imágenes en directo, dejaron a sus espectadores vivir el terror sin explicar qué es lo que sucedía, porque en esos momentos, ellos tampoco sabían mucho más. Pero es algo que la prensa no permite. No hay información sin contexto, y menos una de este calibre, no hay información sin contar las consecuencias, no la hay sin interpretar. Ese 21, 22, 23… de septiembre la prensa escrita ofreció la información masticada, la información completa y la seguridad a sus lectores, no les lanzó al abismo de observar una y otra vez unas imágenes devastadoras sin explicación. Los periódicos dedicaron más páginas de lo habitual a la noticia, incluso muchos sacaron ediciones especiales centradas en contar lo sucedido, en dar testimonios y opiniones. Además, consiguieron competir con las repetitivas imágenes de las televisiones a través de la cantidad de fotografías con la que contaban. Fotografías desde distintos ángulos, distintas horas e incluso distintos días que conseguían expresar más que los vídeos tan acotados y, en parte, censurados que se retransmitieron el 11 de septiembre. 

La exclusividad que  han  mantenido  sobre  las  imágenes  algunas  cadenas  norteamericanas,  junto  a las  recomendaciones  de  cautela  del  gobierno  Bush  y  la  autocensura  ejercida  por los  propios  medios  han  llevado  a  la  escasez  de  material  gráfico  y,  como consecuencia,  a  la  repetición  de  los  mismos  planos”. Edo (p.84).




Webgrafía:

Edo C., (2002), Estudios  sobre  el  Mensaje  Periodístico, Vol. 8: p. 71-86: https://revistas.ucm.es/index.php/ESMP/article/view/ESMP0202110071A/12729

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