María Ángeles Sánchez
Nada más terminar la carrera en la Escuela de Periodismo, María Ángeles Sánchez fue a por los objetivos que ya tenía claros. La periodista fue abriendo secciones de viajes en las revistas y diarios por los que pasaba. Su afán por dar a conocer las fiestas de los pequeños pueblos luchó contra la huída hacia las grandes ciudades de la época final del franquismo. En un mundo en el que las personas “tiraban sus cosas de madera para comprárselas de plástico”, María José Sánchez hacía un hueco para los pequeños artesanos que sobrevivían en España.
Tal fue su dedicación y esfuerzo, que pasó de hacer autostop para huir los fines de semana a algún territorio alejado de la capital que le proporcionase material para sus reportajes, a dirigir durante 11 años la sección de viajes en El País.
¿Cómo comenzó tu historia con el periodismo de viajes?
Yo empecé escribiendo de viajes en 1976. De hecho, en ese momento cree, si alguien no me demuestra lo contrario, la primera sección fija de viajes en un periódico español. Fue en el diario madrileño Ya, era un periódico matutino de difusión nacional, en ese momento, uno de los periódicos más importantes de España. Empecé porque me gustaba viajar, me gustaba España, conocer sitios, hablar con la gente.
Tuve la enorme suerte de que uno de los directores, Alejandro Fernández Pombo, había sido profesor mío y le encantaban las fiestas, los pueblos, las tradiciones… Así que le propuse la sección y me dijo que sí. Así cree Fin de semana, reportajes de viajes que hacía a 250 kilómetros alrededor de Madrid.
¿Cómo lo hacías?
Yo viajaba el fin de semana, volvía, se escribía el tema, se publicaba el viernes y ese sábado me iba a otro sitio. Eran cosas recién contadas y recién vividas. Gracias a esa sección me dieron por primera vez el Premio Nacional de Turismo. Ahora la gente se ha acostumbrado a Internet, al copia y pega, y te escriben un reportaje de un sitio sin haber estado en el sitio. Cuando dirigía la sección de viajes en El País ponía en qué fechas había estado el periodista en ese sitio, es importante.
¿Durante cuánto tiempo llevaste ese ritmo?
La sección la mantuve durante 6 o 7 meses y la interrumpí voluntariamente al quedarme embarazada. No sé por qué me dió el arrebato de que embarazada no debía de viajar. Yo viajaba el fin de semana, volvía, se escribía el tema, se publicaba el viernes y ese sábado me iba a otro sitio. Eran cosas recién contadas y recién vividas.
¿Cómo volviste a este sector?
Realmente nunca me fui del todo, poco a poco me fueron contratando en la revista Blanco y Negro, donde al poco tiempo también propuse una sección de viajes.
Entonces, ¿donde había sección de viajes era porque habías pasado tú?
Y viceversa. A veces se creaba un medio nuevo, por ejemplo la revista Mía me llamó para crear la sección. No trabajé solo como redactora, sino que las secciones las iba creando y dirigiendo yo. Escribía cuando podía.
¿Tenías compañeros o compañeras en esas primeras secciones de viaje?
Había colaboradores, pero las dirigía yo. La enorme ventaja mía es que siempre he ido por libre. Esos viajes los hacía yo y me los pagaba yo, de hecho, mis primeras salidas las empecé haciendo en autostop, porque no tenía dinero, me ponía en el Arco de Moncloa con un amigo fotógrafo y nos quedábamos allí hasta que conseguíamos a alguien que nos llevase. He hecho muchos reportajes en autostop y tienda de campaña. Incluso me llevaba a mi hijo, le decía que la tienda de campaña era la ‘casita de los tres cerditos’.
¿Cómo recuperabas el dinero, te lo financiaban?
Cuando estaba fija sí, pero cuando eran colaboraciones yo conducía, escribía y hacía las fotos. Me lo pagaba todo. Ahora la gente se ha acostumbrado al Internet, al copia y pega y te escriben un reportaje de un sitio sin haber estado en el sitio. Cuando dirigía la sección de viajes en El País, al final de la etapa, en los reportajes ponía en qué fechas había estado el periodista en ese sitio. Porque me parecía muy importante.
¿Cómo escogías las fiestas a las que ir o los pueblos que visitar?
Documentándome y por pura intuición. Lo que pasa es que como tuve la suerte de que las secciones las dirigía yo, pues proponía los temas que a mí me interesaban. España es inagotable.
¿Qué cambios has visto de los temas que trabas en El País con el periodismo que se hace ahora sobre tema?
El periodismo de viaje, como todo el periodismo, ha cambiado mucho por la ilusion de los youtubers, de los influencers y esas cosas.
Antes lo periodistas de viajes eramos los prescriptores, y en mi caso, yo era prescriptora independiente, entonces escribía sobre las cosas que me parecían interesantes y que valían la pena. Ahora, si uno habla de un restaurante, es porque lo han invitado. Si uno habla de un destino, es porque le han pagado el billete. ¿Como te fías? En la ley de prensa de los años 60, se decía expresamente que un periodista no podía hacer publicidad. Y ahora, a excepción de Iñaki Gabilondo, Jordi Évole y cuatro más, no hay periodistas que no hagan publicidad. Hemos pasado de la información a la publicidad, lo cual tampoco me parece mal siempre y cuando quede claro que es publicidad.
Claro, en eso se basan los influencers.
Efectivamente. Para mi el periodismo de viajes es ir a un sitio, probarlo todo y advertir al lector o televidente de los problemas. Por lo cual, todo no es un mundo de fantasía. Mientras que en el mundo de los influencers, todo lo es. En El País, cree una sección que se llamaba “Avisos de caminantes” en la que los lectores me mandaban las quejas de todo lo que les había ocurrido. Yo cogía esas cartas, llamaba a las empresas y pedía explicaciones. Entonces, publicaba la reclamación de la persona y la respuesta de la empresa. Eso es para mi el periodismo de viaje. No es decir que la mezquita de Córdoba es muy bonita, porque eso ya lo sabemos. Es dar a conocer cosas que no se ven de primeras y que sólo puedes saber estando ahí.
¿Cuáles dirías que son las principales normas por las que te regías al llevar a cabo tu actividad periodística?
Yo le prohibía a mis colaboradores escribir en primera persona, todo se escribía en tercera persona. El viajero, el lector… pero no yo. Hemos pasado de eso, a un “yo estoy, yo estuve, yo hice…· que encima es un yo falso, gestionado por dinero. En general, les daba a todos mis colaboradores un manual de estilo lleno de frases o palabras prohibidas. Todo periodismo tiene que estar bien escrito y los periodistas se vuelven muy vagos. Hay que evitar expresiones que no dicen nada. También, lo fundamental es que yo no me enterara de que habían cobrado un sólo céntimo de los sitios que visitaban.
¿Qué es lo que más te gustaba de tu trabajo?
Lo bien que me lo pasaba. El viaje en sí mismo, la experiencia, la vida… Yo he estado viajando desde los años 70 y he conocido una España real, la de los pueblos pequeños y de las carreteras malas. Y la gente. Las fiestas y la artesanía han sido una excusa para acercarme a las personas.
Comentarios
Publicar un comentario